viernes, 22 de mayo de 2009

La Iglesia Católica irlandesa permitio y oculto abusos sexuales de 35.000 niños

La Iglesia católica de Irlanda abusó sexualmente de miles de niños, una investigación de nueve años documenta un "catálogo de crueldad" contra menores entre los años 50 y 80

Miles de niños sufrieron sistemáticamente abusos sexuales en orfanatos, escuelas y reformatorios irlandeses dirigidos por la Iglesia católica, reveló una exhaustiva investigación publicada el miércoles en Dublín.

Los "abusos sexuales" en esas instituciones infantiles fueron "endémicos" entre 1930 y 1990, sentenció el informe elaborado por una comisión independiente tras casi 10 años de investigación.

"Las autoridades religiosas sabían que los abusos sexuales eran un problema persistente en organizaciones religiosas masculinas", subraya el documento.

La Iglesia católica intentó repetidamente impedir la publicación de las conclusiones de la comisión, que entrevistó a más de 2.000 personas que contaron que sufrieron golpizas, intimidaciones y abusos sexuales por parte de sacerdotes y monjas.

El documento de más de 2.500 páginas constituye un dramático retrato de los daños emocionales, sexuales, físicos y mentales sufridos por los niños y confirma las acusaciones de miles de víctimas de los abusos, cuyas denuncias les valieron ser tratados de "mentirosos" por la sociedad católica irlandesa.

"Lamento hondamente y estoy profundamente avergonzado de que niños sufrieron de esa manera tan terrible en esas instituciones", declaró el más alto responsable de la Iglesia católica de Irlanda, el cardenal Sean Brady.

El informe es "un catálogo de crueldad", que revela "los grandes daños causados a algunos de los niños más vulnerables de nuestra sociedad", señaló el cardenal.

Más de un centenar de instituciones dirigidas por órdenes católicas - principalmente las Hermanas de la Caridad y los Hermanos Cristianos - fueron investigadas por la comisión, compuesta por decenas de expertos.

Entre 30.000 y 40.000 niños pasaron por esos establecimientos. La mayoría de ellos fueron internados porque habían sido abandonados, eran hijos de madres solteras, o habían cometido pequeños robos.

En algunos casos los niños ingresaban cuando tenían apenas dos años.

"Eso no eran orfanatos, eran gulags", dijo a la AFP John Kelly, una de las víctimas de esos abusos. "Yo no me llamaba John Kelly. Yo era sólo el número 253", dijo.

Las conclusiones de la investigación constituyen otro golpe para la credibilidad de la Iglesia católica irlandesa, ya salpicada por escándalos sexuales en varias de sus parroquias.

La Asociación de sobrevivientes irlandeses de abusos a niños (SOCA), que fue creada para ayudar a las víctimas, llamó al papa Benedicto XVI a investigar las actividades de las órdenes católicas en Irlanda.

"Ahora que la comisión ha terminado su trabajo, llamamos al papa Benedicto XVI a convocar un tribunal especial para investigar exhaustivamente a las órdenes religiosas católicas en Irlanda", afirmó John Kelly, el coordinador de SOCA en Dublín.

Allen señaló que los miembros de esas órdenes que abusaron de niños no serán procesados. Muchos de ellos ya murieron.

Algunos de las víctimas que prestaron testimonio -y que viajaron de países lejanos, como Australia, para contar los años de terror que vivieron en esos establecimientos- denunciaron el miércoles que la investigación no había ido suficientemente lejos, y que los culpables no iban a ser castigados.

"Me siento indignado, amargado y decepcionado", afirmó una de las víctimas, John Walsh, que dijo que la investigación había dejado "heridas abiertas", al no castigar a los culpables de los abusos.

La orden de los Hermanos Cristianos logró el año pasado aplazar la publicación del informe, presentando una demanda legal para conservar el anonimato de algunos de sus miembros citados en el documento, incluso en casos en que los religiosos ya habían sido sentenciados por haber abusado sexualmente de niños.

Fuente: AFP / Google / "La Iglesia católica de Irlanda abusó sexualmente de miles de niños"

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martes, 12 de mayo de 2009

Benedicto XVI aboga por la reconciliación religiosa de judíos, cristianos y musulmanes

El Papa defiende las tradiciones religiosas en la Cúpula de la Roca
El Papa ha defendido las tradiciones religiosas están destinadas a ponerse de acuerdo sobre la justicia y la unidad de las familias en su visita hoy a la Cúpula de la Roca, en la explanada de las Mezquitas de Jerusalén.

"Dado que las enseñanzas de las tradiciones religiones se refieren en última instancia a la realidad de Dios, el significado de la vida y el sentido común de la humanidad puede existir la prestación de empeñarse en el diálogo con escepticismo y ambigüedad acerca de las posibilidades de éxito, pero los que confiesan el nombre de Dios tienen deber de empeñarse decididamente por la rectitud", ha afirmado Benedicto XVI.

El máximo representante de la Iglesia Católica ha llamado a la unidad de los seres humanos, más allá de sus diferencias religiosas y divisiones personales. "Para los cristianos, los regalos divinos de la razón y la libertad están en la base de esa dignidad. Por esta razón, trabajamos incansablemente para salvaguardar los corazones humanos del odio, la rabia y la venganza", ha dicho el Papa.

Dentro de su discurso de unidad y reconciliación religiosa, el Obispo de Roma ha resaltado que la Cúpula de la Roca trae a la mente la figura del patriarca Abraham, considerado padre de las tres religiones, y que aquí se encuentran las tres grandes religiones monoteístas y recuerda lo que tienen en común.

El Pontífice ha dicho que lo anterior obliga a las tres religiones a trabajar unidas hacia una meta común "para desempeñar un papel activo en allanar las divisiones y promover la solidaridad humana".

"He venido a Jerusalén en una peregrinación de fe. Agradezco a Dios la ocasión que me ha dado para reunirme con vosotros como Obispo de Roma y Sucesor del Apóstol Pedro, pero también como hijo de Abraham. Os aseguro que la Iglesia desea ardientemente cooperar por el bienestar de la familia humana", ha agregado el Papa.

La Cúpula de la Roca, llamada también mezquita de Omar y famosa por su cúpula dorada, se encuentra en la Explanada de las Mezquitas. En ese lugar está también la mezquita de Al Aksa, que es la tercera más importante para los musulmanes después de La Meca y Medina. La Explanada de las Mezquitas está considerada tres veces sagrada. Los musulmanes consideran que la Roca es el lugar desde el que Mahoma subió al cielo.

Por su parte, los judíos la consideran el lugar donde Dios pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac, es el lugar del templo de Salomón y donde se depositó el Arca de la Alianza. Para los cristianos, es el lugar de la profecía de Cristo sobre la destrucción del templo de Jerusalén.

La Cúpula de la Roca es el monumento islámico más antiguo en Tierra Santa y los musulmanes consideran la mezquita de Al Aksa el tercer lugar de peregrinación tras La Meca y Medina.

En el Muro de las Lamentaciones

Desde la Explanada de las Mezquitas el Papa se ha trasladado al Muro de las Lamentaciones. Durante unos segundos, Benedicto XVI ha rezado en el lugar más sagrado de los judíos. También ha colocado una petición, como acostumbran a hacer los judíos entre las ranuras de sus antiguas piedras, y ha leído un salmo en latín, acompañado de un rabino que lo hizo en hebreo.

Esta es la segunda vez que un Papa visita el recinto sagrado judío, después de que Juan Pablo II lo hiciera en el año 2000 durante su peregrinación a los Santos Lugares con motivo del Jubileo de la Iglesia Católica.

Polémica en Belén

Mientras tanto, Belén, a ocho kilómetros de Jerusalén, se prepara para recibir mañana al Papa al otro lado del muro. Hay apisonadoras que asfaltan las calles a contrarreloj y jóvenes transportando banderas y pancartas. En la ciudad, cuna del cristianismo por el nacimiento de Jesucristo, solo quedan un 15% de cristianos.

Israel no ha permitido que los palestinos celebren un acto con el Papa en el lugar que deseaban porque se vería el muro de cemento, una torreta militar y una puerta con una llave que simboliza el derecho al retorno de los refugiados. Benedicto XVI tiene previsto reunirse mañana con el presidente palestino, Mahmud Abbas. Pero el presidente Peres invitó ayer a la familia del soldado Gilad Shalit, cautivo en Gaza a manos de Hamás, y ha repartido folletos en los que se presenta a dos víctimas cristianas del terrorismo fallecidas en 2003.

Fuente: El País.com
Autor: Miguel Mora / J. M. Muñoz

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domingo, 3 de mayo de 2009

El integrismo de Benedicto XVI. Por Juan José Tamayo

Latinoamericanos, judíos, musulmanes, africanos, protestantes y católicos seguidores del concilio Vaticano II se han sentido ofendidos por actitudes y declaraciones de Ratzinger. Este Papa es muy poco diplomático.

El 19 de abril de 2005 los cardenales de la Iglesia católica reunidos en Cónclave eligieron a Joseph Alois Ratzinger -que tomó el nombre de Benedicto XVI- como sucesor de Juan Pablo II, de cuyo pontificado había sido el principal y más influyente ideólogo durante casi un cuarto siglo.

En el momento de su elección Ratzinger tenía 78 años, tres años más de la edad de jubilación de los obispos y uno más que Juan XXIII cuando accedió al pontificado en octubre de 1958. Sin embargo, cualquier parecido entre ambos itinerarios y sus formas de gobernar la Iglesia católica es pura coincidencia. A sus 77 años el diplomático Juan XXIII, sin apenas experiencia pastoral ni conocimiento de los entresijos de la Curia romana, llevó a cabo, contra todo pronóstico, una verdadera revolución copernicana en el seno de la Iglesia: enterró la Cristiandad y dio paso a una estación largos siglos desconocida en el Vaticano: la primavera. El anciano Papa sorprendió al mundo entero con un cambio de paradigma sin precedentes: del anatema al diálogo, de la cristiandad medieval al encuentro con la modernidad, de la rigidez doctrinal al pluralismo teológico, de la condena a la misericordia, de la intransigencia a la tolerancia, de la Iglesia aliada con el trono a la iglesia de los pobres, del tradicionalismo al aggiornamento.

Benedicto XVI ha hecho el viaje inverso: del diálogo con la modernidad a su más enérgica condena; de generoso mecenas de algunos teólogos de la liberación (pagó de su bolsillo la publicación de la tesis doctoral de Leonardo Boff) a inquisidor. El joven Ratzinger inició su trabajo teológico bajo el signo de la reforma de Juan XXIII, quien le invitó a participar como perito en el Concilio Vaticano II junto a otros colegas condenados otrora por Pío XII: los alemanes Karl Rahner y Bernhard Häring, el francés Y. Mª Congar, el holandés Edward Schillibeekcx y el teólogo suizo emergente Hans Küng. No tardó, sin embargo, en distanciarse de todos ellos e incluso de responsabilizarles de los abusos posconciliares, para seguir la senda de la ortodoxia y la escalada hacia el poder, que le llevó primero al arzobispado de Múnich, después al cardenalato, luego a la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe y, finalmente, a la cúpula del Vaticano.

Tres son los factores que pudieron influir en su involución ideológica: la concepción pesimista del ser humano bajo la influencia de Agustín de Hipona -su teólogo preferido-, la incomprensión y el desconcierto ante la revolución estudiantil de 1968 y el miedo a asumir las consecuencias reformadoras del Vaticano II. Así fue diseñando su teoría de la restauración eclesial que recoge Vittorio Messori en el libro-entrevista Informe sobre la fe, que se convirtió en la hoja de ruta del pontificado de Juan Pablo II.

En la homilía pronunciada en la Misa para elegir nuevo Papa el día del comienzo del Cónclave, Ratzinger expuso las líneas maestras de su pontificado: a) muchos cristianos se han dejado llevar por los vientos cambiantes de las corrientes ideológicas de un extremo a otro: del marxismo al liberalismo hasta el libertinaje, del colectivismo al individualismo, del ateísmo a un vago misticismo; b) se está imponiendo en el mundo la "dictadura del relativismo que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida sólo al propio yo y a sus deseos"; c) lo único que permanece en la eternidad es el alma humana, cuyo fruto es lo sembrado en ella.

Y no se ha apartado un ápice de ese guión que entonces escribió. Durante sus cuatro años como jefe del Estado de la Ciudad y líder del catolicismo mundial ha mantenido posturas claramente ofensivas para numerosos e importantes colectivos sociales, religiosos y étnicos.

1. Las comunidades indígenas latinoamericanas -el 10 % de la población- se sintieron instrumentalizadas y heridas en su dignidad durante el viaje de Benedicto XVI a Aparecida (Brasil) en 2007 para inaugurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, cuando afirmó que la vuelta a las religiones precolombinas no era un progreso, sino un retroceso y una involución hacia el pasado. En el mismo viaje acusó veladamente a los nuevos líderes políticos latinoamericanos de autoritarios, de estar sometidos a ideologías superadas y de no actuar en concordancia con la visión cristiana del ser humano y de la sociedad. Volvió a criticar a los teólogos de la liberación de politización, falso mesianismo, ideas erróneas y dependencia del marxismo, como hiciera cuando estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Acusaciones que fueron ratificadas con la condena del teólogo hispano-salvadoreño Ion Sobrino.

2. Ha provocado la indignación de los judíos -13 millones-, al readmitir en la "comunión eclesial" sin ningún tipo de arrepentimiento al obispo Richard Williamson, de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X, que niega el Holocausto. Tuvo que ser la canciller alemana Angela Merkel quien exigiera a su compatriota Benedicto XVI pedir disculpas a los judíos y la inmediata rectificación al obispo seguidor de Lefebvre.

3. Los musulmanes -1.300 millones- se sintieron profunda y gravemente ofendidos en el discurso de Ratisbona, en septiembre de 2006, en el que afirmó que Mahoma no trajo más que males al mundo, ya que impuso la fe con la espada y proclamó la guerra santa, al tiempo que vinculó al Dios del islam con la violencia y la irracionalidad. Con esas afirmaciones Benedicto XVI se distanciaba de la iniciativa pacífica de la Alianza de Civilizaciones, asumida por la ONU y más de cien países, y se alineaba con la estrategia belicista del Choque de Civilizaciones de Bush.

4. Los africanos -856 millones- se han sentido muy ofendidos por las declaraciones del Papa durante su viaje a Camerún y Angola contrarias al uso de los preservativos. Éstos, dijo, no sólo no solucionan el problema del sida, sino que lo agravan todavía más. Afirmación deudora de una teología de la muerte que le convierte en responsable de la extensión y agravamiento del sida en África, que afecta a millones y millones de personas en ese continente. Tal aseveración ha provocado la reacción del Parlamento belga, quien ha pedido a su Gobierno que condene unas declaraciones tan inaceptables y que exprese su protesta al Vaticano.

5. Los protestantes -650 millones- y los cristianos ortodoxos -250 millones- se vieron discriminados en el documento vaticano de julio de 2007, que identifica la Iglesia de Cristo con la Iglesia católica, a la que considera la única verdadera, califica a las Iglesias Ortodoxas como Iglesia imperfecta y niega que las Iglesias de la Reforma sean Iglesia. Mayor retroceso en el camino del ecumenismo, imposible.

6. Los cristianos conciliares han visto frenadas no pocas de las reformas eclesiales y litúrgicas del Vaticano II cuando Benedicto XVI instauró la celebración de la misa en latín según el rito tridentino de manera ordinaria y reintegró en la Iglesia católica a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, de monseñor Lefebvre, defensora de la Iglesia del ancien régime y contraria a la libertad religiosa. Al levantar la excomunión de los integristas, sin exigirles la aceptación del concilio Vaticano II, no son ellos quienes se incorporan al cristianismo conciliar. Es, más bien, el Papa quien se convierte al integrismo y lleva a la Iglesia en esa dirección.

Fuente: El País.com
Autor: Juan José Tamayo, es un teólogo católico español vinculado a la Teología de la Liberación. Es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Fundador y actual Secretario General de la progresista Asociación de teólogos Juan XXIII y autor de El islam. Cultura, religión y política.

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domingo, 19 de abril de 2009

La Nueva Izquierda Religiosa y la Fe de Barack Obama

Reseña del libro "La fe de Barack Obama" de Stephen Mansfield. (Grupo Nelson, 2008)

El 12 de septiembre de 1960, y ante una Asociación Ministerial de Houston reunida en pleno para la ocasión, John F. Kennedy pronunció un discurso que ha pasado a la historia de la literatura política norteamericana, como la mejor argumentación jamás expuesta, en defensa de una necesaria separación entre Iglesia y Estado. Al afirmar no ser “el candidato católico a la presidencia” sino “el candidato del Partido Demócrata a la presidencia que, por casualidad, también es católico”, Kennedy trataba de alejar las sospechas sobre su condición de católico e iba incluso más allá en su mensaje, constatando que la fe personal de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos, nada tenía que ver con un futuro ejercicio de su cargo. Sin embargo, los ocho años de gobierno de George W. Bush y su conservadurismo compasivo, han venido a contradecir esta idea, al situar nuevamente la religión en el primer plano de la vida pública, un primer plano ocupado ahora por dos candidatos a la presidencia –el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama–, cuya religiosidad personal también ha sido tema de debate y controversia entre votantes y analistas políticos.

Decir que el pueblo estadounidense es muy religioso es no decir nada nuevo, pues más que por el capitalismo consumista o el patriotismo ufano de sus gentes, Estados Unidos se define por una arraigada e ineluctable creencia en Dios, por ser una tierra exageradamente devota, una reserva espiritual que no ha dejado nunca de asombrar a aquellos que han tratado de entender la naturaleza del ser americano: “A mi llegada a los Estados Unidos –escribía un epatado Tocquevillefue el carácter religioso del país lo primero que atrajo mi atención”. Más de ciento cincuenta años después, estas palabras de La democracia en América resuenan con una actualidad pasmosa; la religiosidad americana sigue despertando nuestro interés y, a la vista de algunos datos, seguimos sin acabar de entenderla. En marzo de 2007, una encuesta publicada por la prestigiosa revista Newsweek demostraba que el 91% de los estadounidenses afirma creer en Dios, mientras que sólo un 3% se atreve a declararse ateo. Por su parte, una encuesta de octubre de 2005 realizada por CBS News, intentando responder a la pregunta de si los americanos eran más partidarios del Creacionismo o de la Teoría de la Evolución de Darwin, constataba que sólo el 13% de los encuestados defendía el evolucionismo sin intervención divina. Para el 51% de la población, Dios había creado a la raza humana tal y como es en la actualidad, mientras que el 30% admitía un proceso de evolución humana, guiado –eso sí– por Dios. Son cifras –sin necesidad de comparación alguna– totalmente desproporcionadas: guarismos impropios de cualquier país occidental, de cualquier sociedad europea industrializada y modernizada en la que razón y fe han sido –desde la llegada del racionalismo ilustrado– y son, contextos antagónicos, realidades incompatibles. Esta aceptada disociación entre ciencia y religión, tan enraizada en otras partes, resulta sin embargo, difícilmente extrapolable al caso de los Estados Unidos, que una vez más y como sucede con tantas otras cosas que nos escandalizan (la libertad en la posesión de armas de fuego, por ejemplo), se nos muestra como una realidad extemporánea, como un país ajeno a la norma y orgulloso en su particularidad propia e irreducible, su excepcionalismo norteamericano.

De todo esto se derivan, más allá de los fríos datos de unas encuestas, unas consecuencias políticas de primer orden; si la religión inunda los Estados Unidos, impregnando todos los aspectos de la vida, la política, como uno más de ellos, no puede de ninguna forma escapar a su alcance. Más aún si cabe, cuando el sistema político americano –en el que los partidos son maquinarias gigantescas que el votante mira con mucha distancia–, favorece una política personalista, donde más que en ninguna otra democracia, se vota a la persona del candidato, por encima de su filiación partidista concreta. Esto hace que la biografía del aspirante, su carrera y su reputación en todos los órdenes de la vida, sea su más preciado –y a veces casi único– aval, su mejor y más sincera carta de presentación ante el electorado. En este sentido, huelga decir que la fe personal y la religión del candidato son, además de un rasgo que favorece la identificación o el distanciamiento del votante, un dato muy a tener en cuenta, una cuestión esencial y prioritaria a la hora de decidir en manos de quién se dejará el destino de todo un país. Una excelente prueba de esta vital importancia concedida a la fe y la moral de los presidenciables, la pudimos ver el pasado 16 de agosto, cuando Obama y McCain coincidieron por primera vez durante la campaña juntos en un acto para participar en un debate moderado por el conocido e influyente pastor evangélico, Rick Warren, quien interrogó a ambos candidatos sobre cuestiones tan variadas como el matrimonio homosexual, el aborto o la existencia del demonio. Este mismo propósito de acercar al público la visión teológica de un candidato, es el que ha movido a Stephen Mansfield a publicar –tras el enorme éxito de su libro La fe de George W.Bush, que estuvo quince semanas en la lista de best-sellers de The New York Times– una monografía destinada a acercarnos a uno de los aspectos de la personalidad de Obama que más han llamado la atención: su peculiar cosmovisión religiosa.

Consciente de lo que se juega, Obama supo advertir desde un inicio la importancia del voto evangélico y protestante del sur, instando al movimiento progresista a abandonar su lado antirreligioso y a hacer un esfuerzo por encontrar puntos en común con la gente de fe, no sólo cristiana, sino también judía, musulmana o de cualquier otra creencia.

La fe de Barack Obama es en parte una biografía espiritual de Obama, un recorrido por los principales hitos de su trayectoria dentro y fuera de la Iglesia, aquellos que han forjado esa personalísima fe que le caracteriza. Pero al margen de este aspecto más íntimo, es también un ensayo sobre la importancia de la fe en la política americana y sobre el uso que hacen de ella los grandes partidos. El apoyo y la influencia recíproca entre los partidos y las diferentes iglesias americanas ha sido una constante a lo largo de la historia electoral americana, en la que el voto por razones religiosas o morales siempre ha estado presente. Reverendos y pastores de diferentes credos han avivado el debate generando opinión y canalizando los objetivos de auténticos lobbies organizados. En este sentido, ha sido el Partido Republicano quien más y mejor ha sabido aprovecharse de este impulso. Ya desde el mandato de Ronald Reagan, el nacimiento de un potente movimiento neoconservador ha tenido como uno de sus más fieles bastiones a una vigorosa Derecha Religiosa, formada por una coalición de grupos de interés que han llegado a asesorar al presidente sobre diferentes materias, como hemos podido comprobar en estos últimos años de la Administración Bush. Por su parte, el Partido Demócrata ha intentando durante las últimas décadas mantener en lo posible esa separación de poderes entre Iglesia y Estado que proponía Kennedy, para evitar una excesiva injerencia de la religión en la vida pública.

Esta tradicional y aceptada división entre Derecha Religiosa e Izquierda secular es la que, según Mansfield, se ha visto amenazada en estas elecciones de 2008. El responsable de trastornar este orden no ha sido otro que Barack Obama, el candidato demócrata que con su discurso de fe y esperanza, ha tratado de superar estas diferencias, demostrando que en los Estados Unidos, también existe una Izquierda Religiosa que quiere tener su propia voz. Consciente de lo que se juega, Obama supo advertir desde un inicio la importancia del voto evangélico y protestante del sur, instando al movimiento progresista a abandonar su lado antirreligioso y a hacer un esfuerzo por encontrar puntos en común con la gente de fe, no sólo cristiana, sino también judía, musulmana o de cualquier otra creencia. Con esto quiere evitar Obama lo que ha ocurrido en los últimos años: que el voto protestante ha sido prácticamente patrimonio exclusivo de los republicanos. Eso supondría una derrota segura para los demócratas, como ya le ocurrió a John Kerry en 2004.

Dice Mansfield, a mi juicio con mucha razón, que Obama ha encontrado la fórmula, el camino perfecto para presentarse a sí mismo como un compendio de todo lo americano, como una versión actualizada del sueño americano, adaptada a los tiempos difíciles que atraviesa un mundo incierto y acomodada a los intereses y temores de las jóvenes generaciones.

Como biografía espiritual, La fe de Barack Obama se centra sobre todo en tres aspectos fundamentales. Dos de ellos –la relación de Obama con la religión durante su infancia y su conversión a la fe cristiana– han sido profusamente descritos por el propio Obama en sus dos libros de memorias, tanto en Sueños de mi padre (1995) como en La audacia de la esperanza (2006), donde encontramos un capítulo dedicado precisamente a la Fe. Respecto al primer tema señala acertadamente Mansfield que, de asumir la presidencia en 2009, Obama sería el primer presidente estadounidense criado en un hogar no cristiano. Con un padre y un padrastro ateos, su única educación religiosa la recibió de parte de su madre, mujer que no profesaba ninguna fe específica, pero que le transmitió una visión religiosa propia de un antropólogo, despertando el interés del joven Obama por todas las religiones (cristiana, musulmana, budista, hinduista) e inculcando en él un espíritu crítico y relativista alejado de cualquier dogma. Este escepticismo de juventud hizo que Obama tardara mucho en aceptar formar parte de una Iglesia. Fue solo a partir de 1985 y mientras Obama trabajaba en Chicago con el Proyecto de Comunidades en Desarrollo, cuando empezó a asistir a la Iglesia de Cristo de la Trinidad Unida, una Iglesia afroamericana muy comprometida con los valores sociales y morales que él defendía. Ahora bien, en La audacia de la esperanza, Obama ya dejó claro que su llegada a esta iglesia fue más por sentido de pertenencia y necesidad de sentirse miembro de una comunidad que por convicción absoluta o por iluminación súbita; sus dudas y su escepticismo no desaparecieron porque para él la fe es siempre una actitud crítica, no de certeza absoluta: “Al comprender que el compromiso religioso no exigía que dejara de pensar de forma crítica ni que me desentendiera de la batalla por la justicia social y económica ni que me retirara del mundo de ninguna otra forma, pude caminar un día por el pasillo central de la Trinity United Church of Christ para ser bautizado. Fue una elección, no una epifanía, y las preguntas que tenía no desaparecieron por arte de magia” (p. 222).

El tercer aspecto importante es quizá el más controvertido e impugnado: la relación de Obama con el polémico e histriónico reverendo, Jeremiah A.Wright. Jr. Mansfield dedica varias páginas de su libro a describir la relación de afecto y admiración mutua que Obama ha mantenido con el pastor afroamericano durante todos estos años en los que Wright ha actuado como un auténtico padre espiritual para Obama, como el hombre que ha canalizado su fe y su deseo de transformar la sociedad. Con el inicio de la carrera presidencial de Obama, el reverendo no tardó en mostrarle su apoyo y reclamar el voto negro para el que había sido su “ahijado”. Sin embargo, la relación entre los dos ha dado un giro radical en los últimos meses, cuando algunos medios conservadores como la cadena de televisión Fox News rescataron algunas opiniones provocadoras vertidas por el reverendo Wright en sus multitudinarios e incendiarios sermones. En estos videos –que han hecho furor en Youtube– se despachaba el mentor de Obama con proclamas del tipo “Dios maldiga a América” (en alusión al popular lema “God bless America”), hablaba de los U.S.K.K.K.A. (los Estados Unidos del Ku Klux Klan de América) y maldecía al país entero por su racismo, declarando que el SIDA era una arma inventada por el gobierno estadounidense para atacar a los negros y que los hechos del 11 de septiembre de 2001 eran un castigo por los pecados nacionales de los estadounidenses. Evidentemente, esto provocó un sonado escándalo en el país de las barras y estrellas y estuvo a punto de acabar con la candidatura de un Barack Obama, a quien todos miraban ya con lupa por aquel entonces. El propio Obama tuvo que dar un paso al frente y, pese a que intentó distanciarse del reverendo Wright sin avivar la disputa, no tuvo más remedio que romper definitivamente su relación ante una situación que ya no admitía disculpas posibles y podía costarle un precio político muy alto como reconoce Mansfield: “Llegó la separación, seguramente, porque Obama pudo ver que sus oponentes republicanos vendrían por él y que harían de su asociación con la Iglesia de la Trinidad y Wright el punto de partida para un ataque de la derecha” (p. 67).

Resulta un libro totalmente pertinente y oportuno porque, por mínimo que sea el conocimiento que de los valores americanos tenga el lector, nadie se atreverá a decir que la religión y su influencia en la política estadounidense son temas menores o intrascendentes.

Pero más allá de estos episodios personales en la vida de Obama, más o menos conocidos, en La fe de Barack Obama trata Stephen Mansfield de responder a una serie de interrogantes: ¿Por qué ha conectado Obama tan bien con el público americano y con los valores de una sociedad desencantada con la política de Bush?, ¿Qué características de su fe personal han hecho que muchos jóvenes hayan visto en él a un auténtico Mesías, al portador de un mensaje de cambio y esperanza? La respuesta la da Mansfield en algunas páginas de su libro muy interesantes e ilustrativas. Dice Mansfield, a mi juicio con mucha razón, que Obama ha encontrado la fórmula, el camino perfecto para presentarse a sí mismo como un compendio de todo lo americano, como una versión actualizada del sueño americano, adaptada a los tiempos difíciles que atraviesa un mundo incierto y acomodada a los intereses y temores de las jóvenes generaciones. “En una generación sin padres y sin ligaduras –dice Mansfield–, Obama suele aparecer como representante de la raza humana en general, a lo largo de una historia heroica que tiene que ver con la búsqueda espiritual. Los estadounidenses como pueblo nacido a partir de una visión religiosa encuentran en Obama al menos un compañero de viaje, y a lo más a un hombre a la vanguardia de una nueva era de la espiritualidad estadounidense” (p. XX). Esa identificación tan clara que vemos en los mítines de Obama por todo el país, esa empatía que muestran los jóvenes americanos con el senador demócrata cuando le corean y le aclaman al grito del célebre “Yes, we can”, obedece según Mansfield a un cambio mayor en la concepción de la religión por parte de las nuevas generaciones de americanos. Son los actuales para los americanos, tiempos que –como decía Dylan– representan un cambio, un giro posmoderno en la forma de entender la espiritualidad y la fe personal por parte de los jóvenes: “En términos religiosos la mayoría de los jóvenes estadounidenses son postmodernos, lo cual significa que para ellos la fe es como el jazz: informal, ecléctica y a menudo sin un tema. […] Por eso, cuando Obama habla de cuestionar ciertos principios de su fe cristiana o de la importancia de la duda en la religión, o de su respeto por las religiones no cristianas, la mayoría de los jóvenes se identifican con él al instante, y adoptan la fe no tradicional suya como base de sus preferencias políticas por la Izquierda, y las de ellos” (p. XVII).

Esta religiosidad tan laxa que comparte Obama con muchos de sus conciudadanos ha sido fuertemente criticada por los conservadores, que hablan de una religión civil descafeinada y superflua, un conjunto de creencias sobre la justicia social, sin ninguna base teológica sólida. Denuncia la Derecha Religiosa que, en su afán por preservar la independencia del poder político, Obama propone una subordinación de los valores religiosos tradicionales al imperio y el dominio de un Estado laico y una sociedad secularizada. Especialmente en el tema del aborto, cuestión espinosa y fundamental en la política estadounidense, Obama ha sufrido los ataques de los conservadores religiosos, que han criticado algunas decisiones que tomó cuando era senador en el Estado de Illinois y votó una ley que, según los medios conservadores, le situaba más a la izquierda que la propia NARAL (Liga Nacional de Acción por el Derecho al Aborto).

No es el libro de Stephen Mansfield un libro extraordinario, no es una monografía sublime, de esas que quedan como modelo a estudiar en las universidades. Es más pronto un libro coyuntural, publicado en un contexto determinado, intentando aprovechar los efectos de una obamanía que convierte en éxito todo lo que acompaña al nombre del candidato demócrata. Resulta sin embargo, un libro totalmente pertinente y oportuno porque, por mínimo que sea el conocimiento que de los valores americanos tenga el lector, nadie se atreverá a decir que la religión y su influencia en la política estadounidense son temas menores o intrascendentes. En este sentido, tiene La fe de Barack Obama el valor de ser un libro claro y conciso, que aporta información nueva a la imagen que se ha forjado de Obama cada uno de nosotros, un plus a añadir a lo que ya sabemos sobre la personalidad de este hombre sorprendente. Mansfield nos muestra a un Obama conciliador que trata de superar las diferencias partidistas para encontrar un término medio de acuerdo. Al igual que hicieron antes que él algunos de sus precursores como Kennedy o Clinton, Obama intenta encontrar en estos días previos a las elecciones presidenciales, una tercera vía de consenso, más allá de esa tradicional dicotomía entre Derecha Religiosa e Izquierda Secular, un atajo que le permita armonizar su política liberal basada en su particular fe religiosa, con el deseo de cambio de un país que, aún hoy todavía, mantiene su audacia y su esperanza.

Fuente: OjosDePapel.com /
jueves, 02 de octubre de 2008
Autor: Francisco Fuster

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sábado, 18 de abril de 2009

¿Cree tu pastor en Dios?: líder bautista denuncia el "suicidio de la iglesia" con pastores sin fe real en Dios

Albert Mohler, presidente del Seminario teológico de los Bautistas del Sur, ha publicado recientemente un artículo en el que da una visión representativa de lo que su denominación opina sobre las teologías protestantes liberales. Titulado “¿Cree tu pastor en Dios?”, el conferenciante y teólogo se muestra preocupado por la aparición de “ateos que predican desde el púlpito”.

Mohler empieza el artículo citando “un reciente reportaje desde Holanda”, que “apunta a una forma de locura teológica” que se estaría extendiendo. Describe el autor que autoridades eclesiales holandesas han decidido no tomar acciones contra un pastor que “abiertamente se considera ateo”.

Y finaliza defendiendo que “la iglesia tiene la responsabilidad de clarificar los temas y defender la fe”, porque “si no, no es iglesia”. Y concluye que mientras Holanda ha tenido repercusión internacional debido a que ha impulsado la eutanasia, ahora se estaría dando allí algo nuevo pero similar, “el suicidio de una iglesia”, en relación a casos como el de Klaas Hendrikse.

EL CASO HENDRIKSE

Mohler explica que Klaas Hendrikse, ministro en una Iglesia Protestante, ya en 2007 publicó un libro que fue descrito como un “manifiesto de un pastor ateo”. En él, Hendrikse argumenta a favor de la no existencia de Dios, aunque insiste que cree en él como un mero concepto.

El propio Hendrikse escribe que “la no existencia de Dios no es para mí un obstáculo sino una precondición para creer en Dios, es decir, soy un ateo que cree”. Más adelante dice que “Dios no es para mí un ser, sino una palabra para lo que puede suceder entre personas. Alguien por ejemplo, dice ‘no te abandonaré’, y eso convierte estas palabras en verdaderas. Sería perfecto llamar a esto, pues, Dios”.

ATEOS “EN EL ARMARIO”

Mohler, en el artículo, considera que “aunque este tipo de lenguaje teológico puede ser chocante, no es tan poco común”. El autor considera que existen teólogos cristianos que “en realidad pueden ser ateos o que no necesariamente creen que Dios exista”, pero que de alguna forma consideran que el “concepto de Dios puede ser útil” para el ser humano.

Más adelante, Mohler argumenta que “la mayoría de cristianos estarían muy afectados y escandalizados si supieran que su pastor es ateo, y que no sólo eso, sino que además tiene la intención de seguir siendo el pastor”. Pero en el “entorno doctrinalmente desarmado de muchas denominaciones, el trabajo de un pastor ateo no sólo es entendible, sino real”.

De alguna forma, explica Mohler, “Hendrikse es simplemente más abierto respecto a su ateismo de lo que lo son otros”. El autor sigue diciendo que “muchos protestantes de teología liberal creen que Dios es, finalmente, un concepto intelectual que puede dar sentido a la vida”, y “no un ser divino que es real, que tiene vida por si mismo, y que es soberano sobre todo lo creado”.

EL PROBLEMA: LA NO REACCIÓN

También es preocupante, para el representante bautista, que en el caso del pastor holandés, “ninguna de las dos denominaciones de las que forma parte Hendrikse le ha pedido su dimisión o ha empezado un proceso disciplinario”. Solo se anunció a los creyentes que “se abriría un debate sobre el sentido de las palabras (usadas por Hendrikse) que logre aclararlas”, y que sólo a partir de ese punto se plantearía cuáles podrían ser los siguientes pasos.

“Así es el mundo protestante de teología liberal”, concluye Mohler, una denominación cristiana “que no exige a sus pastores que crean en Dios es una denominación que ha llegado al punto más bajo en términos de demencia teológica”. Porque en realidad, “la autodestrucción teológica de la iglesia no empieza con un pastor que no cree en Dios”, sino “con la negación de una doctrina aquí, y la negación de otra allá”.

Así, según una fuerte frase del autor, “la cobardía de los burócratas de la iglesia abre una puerta a cualquier tipo de aberración teológica, y así se llega finalmente, claro, a tener a un ateo en el púlpito”.


Fuente: ProtestanteDigital.com / AlbertMolher.com
Artículo original de Mohler “¿Cree tu pastor en Dios? / Does Your Pastor Believe in God"
Redacción: Joel Forster / ACPress.net

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miércoles, 15 de abril de 2009

Estupro en el obispado. Por Luis Agüero Wagner

Una escabrosa historia de encubrimiento a un farsante acabó en gran parte este lunes de pascuas, cuando el obispo Fernando Lugo reconoció públicamente ante las cámaras de televisión haber tenido relaciones con una jovencita de 16 años, Viviana Carrillo, en tiempos en que se desempeñaba como Obispo de San Pedro, abrió en Paraguay el debate que ya estaba instalado en otras latitudes: el de los escándalos aberrantes que de un tiempo atrás sacuden a la Iglesia Católica.

No está demás mencionar que la Iglesia Católica protege a estos delincuentes para defender su propia imagen en lugar de denunciarlos y expulsarlos para defender al resto de ciudadanos. La mayoría de los casos de pedofilia se han intentado resolver internamente, trasladando a los curas pederastas a otras parroquias y hablando con las familias para evitar las denuncias. Lejos está Paraguay de ser un caso aislado en Sudamérica. Estupro en el obispado. Por Luis Agüero Wagner

Un grave escándalo, de características y dimensiones similares al que estalló hace tres años en Estados Unidos, se instaló recientemente en los altares de la Iglesia Católica de Brasil. Entre ellos figura el sacerdote Félix Barbosa Carreiro, quien hace unas semanas fue detenido tras ser sorprendido en una orgía de droga y sexo con 4 adolescentes, y que acusó a “otros 12 padres” de incurrir en prácticas similares. Otro caso es del padre Alfieri Eduardo Bompani, de 45 años, quien grababa videos y escribía un diario donde daba cuenta de sus acciones.

El más repulsivo es el caso del padre Tarcisio Spricigo, que abusó de varios menores antes de ser arrestado por haber violado un pequeño de sólo cinco años de edad. En los documentos y pruebas del proceso contra el cura ha sido incluido un diario, que es una especie de “manual de pedofilia”, que incluye consejos como “jamás tener una relación con niños ricos”. El libro de Spricigo, que fue descubierto por casualidad por una monja que lo llevó a la Policía brasileña, también contiene “diez reglas para actuar y quedar impunes”.

“Llueven niños seguros y confiables que son sensuales y que mantienen un total secreto, que sienten la falta del padre y viven sólo con la madre (…) Soy un seductor, seguro y calmo. Basta aplicar las reglas y el chico caerá en mis manos y seremos felices para siempre”, anotó el religioso en su escalofriante “manual”.

La lista de casos de depravados y criminales ocultos bajo las sotanas se antoja interminable: En Chile, el religioso Jaime Low Cabeza, fue detenido por presunto estupro y abuso sexual contra menores. Los abusos que supuestamente afectaron a cinco menores -todos varones de entre 15 y 17 años- se habrían concretado cuando el religioso se desempeñaba en la pastoral juvenil de la parroquia.

En 2001, el religioso salesiano Carlos Larraín fue acusado de abusos contra una menor de nueve años en la época en que se desempeñaba como director del Colegio María Auxiliadora (entre 1997 y 1999). En abril de 2004, el sacerdote Víctor Hugo Carrera fue detenido en el Aeropuerto Internacional de Santiago, luego de permanecer tres años como prófugo de la justicia, pues fue acusado de abuso sexual contra un menor en 1999 en Punta Arenas.

Mientras en Paraguay el obispo Fernando Lugo reconoció haber cometido estupro siendo obispo, y niños sordomudos denunciaron haber sido violados por curas en Verona, en México denuncian que existen logias que protegen a estos criminales.

El cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera y el arzobispo de Los Angeles, Roger Mahony, habrían encubierto a un sacerdote mexicano acusado de varios casos de abuso sexual contra menores monaguillos bajo el paraguas de esta suerte de Odessa de pedófilos. La deportación por parte de las autoridades de la Santa Iglesia de Roma, con destino a Paraguay, de varios sacerdotes católicos acusados de haber abusado sexualmente de menores en todas las latitudes del orbe, aumenta las sospechas en cuanto al encubrimiento brindado a estos criminales. No hace mucho que en un ambiente caldeado laicos organizados y fieles católicos del Alto Paraná, a trescientos kilómetros de la capital del país, denunciaron que en su comunidad se habían refugiado en un seminario los padres Carlos Urrutigoity y Eric Ensey, acusados de abuso sexual en Estados Unidos.

Es demasiado casual que estos criminales se hayan refugiado en el Paraguay poco después del triunfo electoral del obispo Fernando Lugo, que se produjo en ancas de algunas de las más reaccionarias fuerzas atávicas de este Paraguay surrealista: el pensamiento mágico, la tradición autoritaria y el machismo con el cual fue denigrada una candidata mujer.

Para concluir esta descripción del Paraguay, podríamos tomar prestadas palabras publicadas en la Jornada de Oriente con la firma de Anamaría Ashwell, y solo cambiar la palabra México por Paraguay: “una oscurantista alianza masculina, mayormente de políticos y sacerdotes, han regresado el tiempo de México al Virreinato: han legislado para quitarle el derecho a la mujer sobre su cuerpo. Sacerdotes supuestamente célibes, abiertamente misóginos, muchos pedófilos y desconocedores absolutos de la condición fisiológica y social de las mujeres —y encima vestidos con faldas largas— representando valores culturales que para las mujeres caducaron con el Virreinato, apuntalaron el voto de políticos que decidió que las mujeres sólo tienen el derecho a estar preñadas.”


Fuente: LaNación.py
Autor: Luis Agüero Wagner, Escritor e investigador paraguayo, autor de "Las Banderas de Mitre" y "La increíble historia de Jorge W. Arbusto", "Fuego y ceniza de al memoria". Y coautor de "Historia de Paraguay 1", "Un Napoleón de Hojalata" y "Apocalipsis, Imperialismo ecológicos y ecoapocalipsis global".
Fotografía: montaje Menesez Filipov

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